Besta Jira. Restaurant y casino

Entre 1912 y 1914 existió en Villava un afamado restaurant, casino y parque de atracciones llamado Besta Jira. Aunque tan solo estuvo activo durante tres años el edificio sigue estando en pie, algo reformado por la congregación religiosa de los Dominicos que, lo compró y convirtió en colegio-seminario en 1914.

El Besta Jira el dia de su inauguración en 1912 Foto A.M. Villava

La sociedad Besta Jira fue creada y escriturada en Pamplona el 18 de octubre de 1911 por los señores Antonio Goñi Olagüe de Pamplona, Leandro Nagore Nagore, Teófilo Esparza Bornás de Villava y Ricardo Tejedor Sánchez. Aunque no fuera uno de los que acudieron a la escritura de la sociedad parece ser que su principal promotor fue el ingeniero villavés Serapio Huici. El objeto de la citada sociedad era comprar unos terrenos en las cercanías del núcleo urbano de Villava para construir un edificio “Bart-Restaurant” y un pequeño parque de distracciones. En la escritura se especificaba que tanto en el Bart-Restaurant como en el Parque de recreo se darán solamente las distracciones honestas que se estimen convenientes prohibiéndose las distracciones y juegos reprobados por la moral y por las leyes a juicio del Consejo de Administración de la Compañía. A pesar de ello la iniciativa no tuvo en ningún momento el beneplácito de la extremadamente religiosa y conservadora sociedad navarra que la iba a considerar siempre como un “antro de perversión”.

En aquellos primeros años del siglo XX, la población pamplonesa seguía encerrada en sus murallas y sujeta a la normativa militar que prohibía las construcciones en las cercanías de la capital, en las llamadas zonas polémicas (ZP). Muchos miembros de la burguesía pamplonesa pretendían salir del abarrotado recinto amurallado para hacerse sus viviendas y el primer ensanche resultaba insuficiente, tan solo con cuatro pequeñas manzanas, y ya había quedado rápidamente completo. Incluso el proyectado edificio que debía albergar el Congreso Nacional Vinícola en 1912 y que iba a dar gran prestigio a Navarra y su capital, no pudo construirse en el lugar pensado, en las cercanías de la Cruz Negra, por encontrarse muy cercano a la Ciudadela. El recién inaugurado ferrocarril-tranvía de El Irati en su recorrido por las localidades de Burlada y Villava, ya fuera de las zonas prohibidas, facilitaba la comunicación con la capital y en pocos años se jalonó de pequeñas viviendas. Y allí al entrar al término de Villava y en el lado izquierdo de la carretera, se construyeron casi juntos, el edificio para acoger el Congreso Vinícola (hoy Escuela de Peritos), la vivienda del propio Serapio Huici y el restaurant Besta Jira. Dice Altadill en su Geografía General del País Vasco-Navarro: Muchos caprichosos hoteles se extienden a lo largo y ambos lados de la carretera de Villava, rodeados de parques y jardines que hermosean sobremanera el acceso al pueblo, único en las cercanías de Pamplona que ha sabido utilizar su posición, convirtiéndola en ocasión de progreso en vez de decadencia como suele ocurrir en los pueblos cercanos a los grandes centros.

Durante su construcción. Foto: Roldán

El proyecto para el Besta Jira fue encargado al joven arquitecto pamplonés José Yarnoz, que también había proyectado el edificio para el Congreso Vinícola. José Yarnoz Larrosa que había finalizado su carrera de arquitectura en 1910 tan solo dos años antes, ya había sido premiado por el proyecto de la Exposición Universal de Madrid. Junto con su hermano Javier dirigió en 1923 la reconstrucción del palacio de Olite y entre sus obras mas conocidas son las sucursales del Banco de España de muchas capitales, entre ellas la de Pamplona. Adicto al régimen de Franco terminó construyendo, junto con Victor Eusa, el controvertido Monumento a los Caídos. Su colaborador y hermano Javier, sin embargo, tuvo que exiliarse en 1936 de por vida en Venezuela. Las obras del Besta Jira corrieron a cargo del lerinés Andrés Gorricho, seguramente el contratista más afamado de la época en Pamplona, presidente de la sociedad dueña de la Tejería de Mendillorrri y principalmente suministrador del adoquinado de las calles desde las canteras de Ezkaba. Después fue aún mas conocido por la realización de las primeras “casas baratas” de la ciudad y de una buena parte del barrio de la Txantrea.

En la planta baja del edificio estaba el restaurant, montado con verdadero refinamiento estilo moderno, con una magnífica rotonda acristalada y en la misma planta el bar aunque independiente por completo del restaurant. Magníficos cuartos de baño, montados a la moderna, y un gran parque de atracciones rodeando el edificio dedicado a un gran número de sports y juegos al aire libre. Tiros de pichón, flechas y muñecos, tennis, bochas, rana y quizás lo más novedoso, la pista de patines o skating ring. Quizás parta de entonces la gran afición e importancia que ha tenido Iruñea en el patinaje de competición a lo largo de su historia. Se comparaba entonces el parque del Besta Jira  con los de Donostia o con el Tibidabo de Barcelona.

La novedosa pista de skatin. Foto A.M.Villava

El restaurant que se anunciaba como elegante y económico, ofrecía un menú de 3 pesetas para el almuerzo y cuatro para la comida. Aparte de un menú variado ofrecía un plato del día que, por ejemplo el 6 de octubre de 1912 eran los rellenos. Aparte, los banquetes y fiestas organizadas eran frecuentes. En junio de 1913 tomó en arriendo el restaurante Miguel Arrieta arrendatario también de los restaurants de Ulía e Igeldo en Donostia. En la presentación del afamado gourmet se ofreció un banquete en cuya sofisticada carta—nada que envidiar a las actuales al uso— constaban, Hors d’oeuvres assortés, Oeufs a la Besta Jira, Langoste a la Neva, Poulets de grains santes chausseurs, Foie grass de Strasbourg belle vue, o Asperges de Tudela St Monsilieu entre otros manjares.

La terraza velador del restaurant repleto de clientes. Postal comercial de F.Urdaniz

Las fiestas y bailes de sociedad eran frecuentes, algunos llamados bailes de moda aristocrática a los que acudían lo más granado de la aristocracia navarra y cuya asistencia se hacía constar después en la prensa local. En alguna ocasión se publicaba incluso las parejas que se habían establecido durante el baile, la señorita tal con el señor cual, Esperanza E. con Luis E., Cuqui A. con Fernando R. etc etc.

Ya en junio de 1914 comenzaron los problemas con las múltiples denuncias que hubo por el comportamiento de la mocina en los tranvías extraordinarios organizados por El Irati para acudir a las fiestas y verbenas del Besta Jira que en muchas ocasiones terminaban a altas horas de la madrugada. Las canciones y alborotos de los jóvenes que acudían terminaban por convertir los coches en verdaderos cubiles. Además la, como decíamos, religiosa, conservadora y también hipócrita sociedad pamplonesa y villavesa que nunca había visto con buenos ojos el Besta Jira empezó una campaña popular para su cierre. Se decía que era un antro de mal vivir y más que dudosas costumbres. No he encontrado datos escritos sobre el funcionamiento como casino específico de juego aunque es más que probable que así lo fuera y las partidas de naipes fueran frecuentes en las sobremesas.

El Besta Jira en la actualidad. Contraste formal entre ocio y religiosidad Foto: VME
Años veinte. Algunos de los primeros alumnos, futuros misioneros dominicos en la puerta de entrada

El dos de noviembre de 1915 la Congregación de Misioneros Dominicos compró los locales para la instalación de su Colegio-Seminario Berrio Ochoa. Muchos años después, en 1974, el edificio ya ampliado por los Dominicos acogió la incipiente ikastola Paz de Ziganda. El Besta Jira sigue bastante integro en su aspecto exterior aunque los vanos de los grandes ventanales arqueados fueron cerrados por vidrieras realizadas por el dominico P. Iturgaiz. Los mosaicos de su fachada fueron restaurados por F. Berceruelo en 1985 manteniéndose su originalidad.

Detalle del mosaico con las siglas BJ Foto VME