El río de los leños

El transporte de maderos sueltos por los ríos de Navarra está documentado desde el siglo XVI. A mediados de ese siglo se produjo un hecho que influyó en la eclosión de dicha actividad y del negocio leñero. Parece ser que, en aquellos años los montes de los alrededores de Pamplona estaban muy gastados y las necesidades de leña para consumo doméstico, y de las pequeñas industrias, hornos y tejerías, carpintería y construcción no podían satisfacerse con los bosques cercanos. De esta forma se comenzó a explotar los montes de las cabeceras de Arga y Ultzama por pequeños empresarios leñeros que tras la corta en origen, identificaban sus troncos con sus correspondientes muescas y los soltaban a la corriente del río hasta su punto de destino, normalmente la capital Iruñea, aunque también ocasionalmente lugares aguas abajo de la misma. El control del caudal del río se hacía mediante pequeñas presas o esclusas en las regatas de cabecera, los troncos se iban acumulando en pequeñas balsas retenidos por redes o cadenas y en un momento determinado se abrían las esclusas y se producían las “riadas de leña o leñadas”. Desde las orillas cuadrillas de diez o doce hombres, asalariados por los propietarios, se encargaban de conducir el descenso ayudándose de palos largos terminados en un garfio, para que los troncos no quedaran parados o encaminarlos de punta en las presas para evitar daños en las mismas. Precisamente, la fuente documental más importante de esta actividad son las continuas quejas y disputas de los propietarios de molinos con los leñeros por los destrozos que producían las leñas en sus presas. Cada leñero repetía la operación tres o cuatro veces al año durante los meses de mayor caudal y el número de cargas de leña traídas cada año a Iruñea era elevadísimo. El punto de descarga más habitual era poco antes de la presa del molino de Caparroso en la Magdalena en una pequeña explanada en que existía una pequeña tejería, precisamente la que daba el nombre al cercano Portal de Tejería. Allí unas redes sujetas a grandes pilonas atravesaban el río para evitar el avance de la leña y así poder sacarla a la orilla.

1880. En el centro el Molino de Caparroso. A su derecha el río Arga y a su izquierda el río de los leños con el puenet del camino de Burlada. Foto: Archivo Municipal Pamplona

El sistema  no siempre resultaba y los daños producidos por la madera en la presa y en la propia toma del molino eran frecuentes y a veces importantes. Fueron precisamente los litigios entre los dueños de dicho molino y los empresarios leñeros los que dieron origen a la instalación del Río de los Leños. Tras años de conflictos y de varios proyectos para intentar solucionarlos el día 15 de octubre de 1579 el ayuntamiento de Iruñea firmó la contrata con un maestro de obras para construir una red y un canal de derivación inmediatamente antes de la presa y toma del molino de  Caparroso.

 

 

A la izquierda, el rio de los leños en el plano de la ciudad. Le Fer 1719.                                                                             A la derecha sobre la ortofoto actual, el río de los leños (amarillo) y el antiguo camino de Burlada (azul)

El canal de derivación comenzaba unos metros aguas arriba de la presa con una compuerta. El pequeño dique de separación entre el canal y el río terminaba en punta con una gran piedra circular a la que se le comenzó a llamar la Punta del Diamante. Hoy día aún se conserva una pequeña parte de la piedra, justo debajo de la pasarela que une las dos partes del C.D. Natación. Es precisamente en la punta del diamante en donde el club citado instaló un trampolín en los años treinta del pasado siglo, dando así comienzo a su actividad deportiva.

La punta del diamante en los años 30 y en la actualidad. Foto AMP y VME

Para derivar la leña hacia el canal se utilizaba también un sistema de redes que atravesaba el cauce del rio, evitando así que, la misma, siguiese aguas abajo. A partir de la compuerta el canal corría paralelo al curso del río, donde hoy hay un aparcamiento de vehículos. El camino de Burlada que bajaba desde la puerta de Tejería el río de los leños por un puente a la altura del desagüe del molino, para luego discurrir entre el canal y el río hasta el puente de la Magdalena.

 

1890. El río de los leños desde el puente del camino de Burlada que se ve a la derecha. En él, apiladas algunas cajas para el moldeo de la fundición de Pinaquy. Al fondo Ezkaba. Foto Altadill AMP

 

1907. Desde el mismo puente, ahora mirando hacia Beloso. Al fondo la compuerta de entrada al canal. Foto AMP

El rio de los leños tras un recorrido de unos ochocientos metros terminaba, a la altura del molino de Ziganda, en una compuerta-rejilla que evitaba el paso de la leña para que ésta pudiera ser sacada a sus orillas. Desde la reja el canal desaguaba nuevamente en el río pocos metros después del molino.

 

Litografía de Le Jeune de 1820. Se observa la empalizada que cerraba el río de los leños. A la izquierda el molino de Ziganda y justo detrás el puente de la Magdalena
1873. El molino de Ziganda. A la izquierda la reja y a los lados de la acequia, las pilas de leña sacada de la misma. Foto M. Ibañez AMP

La llamada, también, acequia de los leños entró en desuso a finales del XIX y a partir de entonces su escaso caudal lo formaban las aguas sucias que desaguaban desde el alcantarillado de la ciudad. Eso creó pronto problemas de salubridad, malos olores etc. y las correspondientes quejas del vecindario de la zona. Cuando en la segunda década del siglo XX se derribó la muralla del frente de Tejería, el río de los leños fue utilizado para depositar el escombro, quedó totalmente cubierto y despareció como tal. Esta pequeña obra de ingeniería, de la que hoy sólo queda como testimonio la punta del diamante, además de la documentación gráfica y escrita, había cumplido su función durante tres siglos.

Bibliografía:

Arazuri J.J. (1967) Pamplona Antaño. Ed. CAN. Iruñea

Alegría D. y Pescador A. (2001) Presas, molinos, puentes y transporte de madera durante el siglo XVI en los ríos Arga y Ulzama. Actas III Jornadas de      Molinología. Cartagena