El Toril

Eduard Voltas

4.1.2016

El único líder político español que ha entendido que España sólo tendrá continuidad histórica si deja de ser un país obligatorio y pasa ser un proyecto voluntario para las naciones que lo componen es Pablo Iglesias. Si lo ha entendido solo o se lo ha hecho entender Ada Colau no es demasiado relevante ahora mismo, la cuestión es que lo ha entendido. Iglesias reclama el referéndum no por principio democrático sino como una estrategia para mantener la unidad de España. El líder de Podemos no se cansa de decirlo a quien lo quiere escuchar desde hace semanas: la única manera de que los catalanes se queden es que les dejamos votar. Si hacemos el referéndum y el ‘No’ se articula alrededor de una oferta atractiva y específica para Cataluña, los catalanes votarán quedarse y habremos salvado la unidad de España. En cambio, si no les dejamos votar y les seguimos ahogando política y económicamente, se marcharán y España habrá acabado tal como la hemos entendido hasta ahora.

Iglesias es un nacionalista español inteligente. Iglesias es digital. Pero en materia patriótica, y en tantas otras, España es analógica. No es que lo sea la derecha, es que también lo es el gran partido de la izquierda. Y lo es la monarquía. Y lo es el ejército. Y la banca. Y la Iglesia. Y la patronal. Y los dos grandes sindicatos de clase. Y la tecnoestructura de altos funcionarios que domina los resortes del Estado. Y lo son los grandes medios de comunicación, todos en contra del referéndum. La España de 2015 no se adapta, no es flexible, y sigue siendo profundamente borbónica y antiaustriacista: España no es un pacto entre naciones iguales, España es un proyecto de dominación de Castilla sobre las demás naciones peninsulares, un proyecto de dominación más o menos amable en función del momento y las necesidades. Punto y final.

¿Hay otra España? Seguro que sí, pero tiene el recorrido político que tiene. Lo que estamos viendo estas semanas: cero. Ahora mismo España es un Miura esperando que se levante el toril para embestir contra el Parlamento de los 72 diputados independentistas. Al toro le da igual que la embestida provoque una nueva y definitiva ampliación de la mayoría social por la independencia, porque el Miura está criado para embestir y confía mucho en el carácter letal de su cornamenta. El domingo la CUP tiene en sus manos que España acabe de retratar ante los catalanes y ante el mundo. Si permiten la investidura, el toril se levanta. Y entonces sí, entonces comienza todo.

EL MÓN

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