ESPARCIN-ONA

En 1906 el comerciante José Irurzun Arregui y el ingeniero Serapio Huici entre otros, fundaron una sociedad anónima que, con el nombre de “Esparcin-Ona”, tenía como objeto la fabricación de alpargatas. Con un capital inicial de 230.000 pesetas pusieron un pequeño taller para la manufactura de dicho calzado, en el número 78 de la calle Jarauta de Iruñea.

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Anuncio en prensa en 1911

Aunque es muy difícil conocer el origen de la alpargata, se sabe que las utilizaban los antiguos egipcios y que fue un tipo de calzado que a lo largo de la edad media se generalizó por todo el mediterráneo occidental, cuenca del Ebro y ambas vertientes del Pirineo. La razón está probablemente en que el material con el que se hace habitualmente su suela, el esparto, gramínea mediterránea de suelos calizos y áridos, tiene su distribución principal por estas zonas. Su nombre castellano parece provenir del vocablo árabe albargat, pero sin embargo  tanto en euskera como en catalán, sus nombres esparcin o espardenyes se refieren precisamente al esparto, vocablo que proviene del griego sparton. El documento escrito más antiguo conocido en la península es del siglo XIV, del entonces reino de Aragón, refiriéndose a dicho calzado con su actual nombre catalán espardenyes. A finales del siglo XIX se produjo un gran auge en la alpargatería que pasó de una manufactura puramente artesanal a la industrialización del proceso, con la utilización de algunas máquinas y la presencia de obreros especializados  en cada fase: urdidores, encargados de disponer la trenza y el hilo necesarios para la realización de la suela; cosedores, que cosían la suela; cortadores, que con patrones, jaboncillos y enormes tijeras aprovechaban las piezas de lona con precisión geométrica; aparadoras, que cosían los cortes o caras; y, por último, las certeras y bigoteras, que con grandes agujas terminaban las alpargatas. Cuando se creó la Sociedad Esparcin-Ona en Iruñea constituía el calzado más corriente entre las clases más humildes, tanto para trabajar, telas oscuras, como para utilizarlo en los trajes festivos, utilizando para ello telas de colores claros o incluso blancos. Una vez más, Serapio Huici pendiente siempre de cualquier movimiento en la incipiente industrialización de la Navarra de principios de siglo, tuvo el don de la oportunidad anunciando la creación de su fábrica como Manufactura Mecánizada de Alpargatas.

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Corriendo el encierro con alpargatas en 1927. Foto L. Rouzaut

La fábrica daba a trabajo a unos doscientos empleados, de los cuales una buena parte eran mujeres que aunque seguramente con salarios muy bajos ayudaban a mantener la precaria economía de las familias. En agosto de 1910 varios obreros acudieron al gobernador civil y a la prensa del momento para hacer una protesta pública quejándose de la ruinosa competencia que les hacían los reclusos de la cárcel, que por sus condiciones especiales y por sus menores obligaciones, pueden trabajar a un precio excesivamente bajo. La situación creada por la orden expresa del Gobernador Civil de dar trabajo a los reclusos, dejaba sin trabajo a unos cincuenta alpargateros. El gerente de la empresa se defendía diciendo que se trataba de un problema coyuntural creado porque el muy lluvioso verano hizo que el sector entrara en crisis y la cantidad de producción debía disminuirse. Finalmente fue la mediación de “La Conciliación” la que, si no resolver totalmente el conflicto, si consiguió una mejora en los sueldos y que los obreros libres tuvieran preferencia sobre los reclusos. La Sociedad Protectora de Obreros “La Conciliación” era una asociación de beneficencia promovida por un grupo de prohombres pamploneses con el apoyo de la Iglesia, que en aquel momento tenía unos 1.300 asociados. Se dedicaba a recoger aportaciones voluntarias entre la población para luego poder hacer frente a las necesidades de los obreros asociados que caían enfermos o accidentados en sus trabajos. Presidida por Miguel García Tuñon, que había sido alcalde de Iruñea, fue muy conocida también por abrir un novedoso consultorio médico de niños de pecho y por promover lo que dio en llamarse la Gota de leche, en la que madres lactantes acomodadas aportaban una pequeña cantidad de leche para las pobres que tenían problemas de lactancia.

En marzo de 1910 la sociedad Esparcin-Ona consideró que sus talleres de la calle Jarauta se habían quedado pequeños. Serapio Huici solicitó personalmente al consistorio la cesión de los terrenos que habían quedado libres en la zona del Redín, en donde el caserón que había sido convento del Carmen, estaba abandonado. Con el importante peso social que tenía Serapio Huici y considerando, además, el Ayuntamiento la importancia de que la fábrica de alpargatas ocupara a muchos obreros, finalmente le vendió 1204,90 metros cuadrados del solar a muy bajo precio, para algunos casi simbólico. Durante la segunda mitad de ese mismo año se construyó la nave y para el quince de enero de 1911 se anunciaba en prensa, que las operarias que trabajan en la importante fabrica de alpargatas titulada Esparcin Ona, empezarán mañana lunes sus labores en los nuevos y amplios locales de dicha sociedad en la calle del Redín.

El convento de Santa Maria del Carmen Calzado, había sido construido a finales del siglo XIV con el apoyo del entonces rey de Navarra Carlos II. El gran caserón, con su gran iglesia y patios interiores ocupaba un solar de más de cuatro mil metros cuadrados al final de la calle del Carmen, a la que dio su nombre. Su frente norte, apenas separado por un estrecho pasillo del frente de la muralla, ocupaba prácticamente todo lo que hoy es calle Redín. En 1837 a causa de la ley de desamortización de Mendizabal, el convento fue incautado por el estado español y poco después cedido al Ramo de Guerra que lo dedicó primero a cuartel, luego a hospital militar, almacén de grano y finalmente abandonado, se fue desmoronando hasta su completa ruina. En 1898, el viejo convento fue cedido al Ayuntamiento de Iruñea, que dedicó el semiderruido caserón a perrera municipal, en donde se recogían los perros vagabundos. Tras las protestas vecinales por las “serenatas” de los canes, decidió vender el solar a particulares. El Ramo de Guerra había impuesto la condición de dejar una amplia calle de veintidós metros de anchura, entre la muralla y las futuras construcciones, lo que dio a la futura calle Redín la amplitud que hoy tiene. En ese espacio se hicieron, entre 1910 y 1912, tres construcciones alineadas. En la esquina con la propia calle del Carmen, un gran almacén de maderas propiedad de Lorenzo Martinicorena que fue derribado en 1967 para construir un edificio de viviendas que, hoy, en su bajo tiene un establecimiento hostelero. La parte mas alta del solar fue comprada por los Hermanos Goñi para instalar una fábrica de tejidos. El edificio, todavía en pie, fue después fábrica de chocolates de Pedro Mayo, cuando los Hermanos Goñi trasladaron su fábrica de tejidos a la carretera de la Longaniza en el barrio de San Juan.

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La calle Redín en 1929: la nave de Esparcin Ona en el centro, entre el almacén de maderas y la fábrica de tejidos. Foto aérea 1929

Entre ambas instalaciones, se colocó la flamante fábrica de alpargatas de la sociedad Esparcin-Ona que nos ocupa. Durante muchos años siguieron haciendo alpargatas, estableciendo además, la venta al por mayor de materias primas para la manufactura de las mismas, trenzas, telas y demás accesorios.  En aquellos años la encargada del taller era Luisa Timonet Roig y, durante la tercera década del siglo, la instalación ya se anunciaba como la fábrica de Andrés Miquelez, desapareciendo el  título de Esparcin Ona.  Años después, una vez abandonada, la nave se dedicó a garaje de automóviles hasta que fue derribada en 1973.

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La nave que alojó Esparcin Ona con el garage en 1965. Foto JJ Arazuri

Entonces se construyó en el solar un gran edificio de viviendas, de siete plantas, que durante unos años albergó en sus bajos una sala de fiestas-discoteca. Por su tamaño y su estilo  constructivo contrasta llamativamente con el resto de construcciones de la zona, manteniendo curiosamente una decoración pseudomedieval en su planta a pie de calle. Junto con el actual edificio del Archivo General, obscenamente construido sobre nuestro Palacio Real y el cubo que alberga la cabina  del ascensor de la calle Descalzos rompen de forma escandalosa el sky-line del amurallado frente norte del Casco Viejo de Iruñea.

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El actual edificio. A su izquierda la fábrica de tejidos. Foto VME