Iruñeako zugarroak

Es evidente que el olmo ha sido un árbol que ha jugado un importante papel como ornamento en nuestras ciudades. Y digo ha sido, porque afectado de forma casi generalizada por la terrible enfermedad de la grafiosis desde hace unos cincuenta años, hoy prácticamente ha desaparecido de nuestros parques y avenidas. Apenas quedan algunos ejemplares sueltos en los montes y, hoy, podría decirse que casi se ha convertido en arbusto ya que, a los pocos años de su nacimiento es afectado por el hongo, que rápidamente seca sus ramas. Llamado zumar o zugar en euskera, se le conoce en el habla coloquial de nuestro entorno como zugarro.

El paisaje, tanto urbano como rural, ha sido plasmado e inmortalizado de forma estática por las artes plásticas.Sin embargo, el paisaje es algo completamente dinámico. Para el gusto de algunos y el disgusto de otros, el paisaje cambia, muchas veces por la acción de fenómenos naturales geológicos o climatológicos, pero otras muchas veces por la acción directa del hombre.

Los olmos  han sido, desde antaño, protagonistas en el paisaje urbano de Iruñea y algunos todavía recordamos los magníficos ejemplares que poblaron el Paseo de Sarasate, la Taconera y la mayor parte de la vuelta del castillo. Todos, afectados por la grafiosis, fueron talados en los años setenta del pasado siglo. Pero ha habido tres ejemplares especialmente protagonistas a los que me voy a referir.

La actual Plaza Santa Cecilia de la Nabarreria, se denominó durante años Plaza de Zugarrondo. En su centro, en donde ahora se encuentra la fuente construida por Paret en el XVIII, había un hermoso zugarro. La referencia más antigua al olmo de la Nabarreria es de 1560 cuando Isabel de Valois, futura esposa de Felipe II visitó Iruñea. Al trasladarse de la catedral al palacio del Virrey (actual Archivo Gral) se hace constar su paso por la plaza en donde había un gran olmo en su centro. Varias referencias en siglos posteriores lo corroboran, en algunas de ellas llamando al lugar como  Plaza del Árbol de la Nabarrería.

Fotografía del árbol del cuco, anterior a 1860. Colección Arazuri. En ella un “matador” espontáneo simula estoquear un manso buey, a la sombra del olmo.

En el siglo XIX otro olmo llegó a hacerse famoso en la Taconera. Estaba situado en frente de la fachada de la iglesia de San Lorenzo, justo donde ahora se encuentran los urinarios popularmente conocidos como “el paraguas”, por cierto, obra de Victor Eusa y se le llamaba el árbol del Cuco. Pio Baroja escribía en sus memorias que cuando, siendo adolescente, estudiaba en Iruñea algunos días emulando a Robinson Crusoe me subía al árbol del cuco y fumaba en pipa hasta marearme. Hay una referencia al citado olmo de 1512, cuando el duque de Alba al entrar en Pamplona para conquistarla se refugió a la sombra del árbol del cuco. El que llegó a considerarse el olmo más viejo de Pamplona, pueden llegar a vivir hasta 500 años, tras un intento de salvarlo rellenando su gran troco hueco con un aglomerado de mortero y piedra, tuvo que derribarse en marzo de 1888.

El tercer zugarro en cuestión, se encontraba también frente a la iglesia de San Lorenzo, pero en la actual acera más cercana a la misma, en donde hay una marquesina para la villavesa. Por su tamaño, porte y antigüedad era especialmente apreciado por la población. Su derribo en 1951 causó una importante polémica tanto en el propio ayuntamiento como en la sociedad o en la prensa local.

El olmo de San Lorenzo al borde de la calzada. Al fondo la plaza y convento de Recoletas. Foto: Colección Arazuri

Parece ser que al proyecto de ampliación de la calzada a su paso por la zona le sobraba el olmo. El correspondiente informe del jefe de jardines fue que el árbol se encontraba muy enfermo, con el tronco totalmente hueco y eminente peligro de caída y que solo podándolo y rellenando su tronco con ladrillos podría salvarse. El alcalde Gortari, ingeniero agrónomo, defendió el olmo diciendo que su corteza estaba sana y capaz de conducir la savia que mantendría la lozanía del ramaje. En una reñida lucha por los intereses de cada cual finalmente se aprobó su derribo y el de otros cinco que quedaban alineados con él, para conseguir que esa avenida tenga la anchura que en realidad necesita. El concejal Jadraque opuesto al derribo hizo esta declaración pública “debe decirse valientemente que se tira porque estorba para la reforma”.

Tirando el zugarro el 28 de marzo de 1951. Foto: Colección Arazuri
Ya en el suelo. Foto: Martinicorena. Colección Arazuri

El derribo se produjo el 28 de marzo de 1951 ante la tristeza y protesta del público congregado. Por las dificultades para cortarlo resultó evidente que no estaba hueco ni tan enfermo como se había dicho. La prensa local se enfrentó en sus posiciones, El Pensamiento Navarro justificando el derribo (¡bien tirado está!) y el Diario en su contra (¡no estaba hueco!). El Alcalde, en un intento de conformar al personal, hizo un bando regalando la leña de los olmos talados a las familias necesitadas.

En los sanfermines de aquel año, Martín Balda plasmó el hecho en la pancarta de la peña  Iruña’ko bajo el título de “El colmo del olmo”.

Una coplilla popular, también recogida en 1981 en el libro de J.L. Larrión “Las Pancartas de las Peñas”, decía así:

El olmo de San Lorenzo

quitaron pa no estorbar.

Y la leña la cogieron

los pobres pa calentar.

Aquel árbol dio su sombra

y lumbre para el hogar.