La Plaza de la Cruz o la Cruz de la Plaza. Jesús Obrero

La conocida como Plaza de la Cruz en el ensanche de Iruñea, realmente no tiene nombre oficial. Simplemente es el espacio físico, libre de construcciones, que se encuentra entre las calles San Fermín, Navarro Villoslada, Bergamín y Sangüesa. El nombre le fue impuesto de forma popular cuando en el año 1941 se colocó en su centro la, cuando menos curiosa, cruz metálica realizada unos años antes por el maestro de forja Constantino Manzana.

1944. La Cruz de C. Manzana delante del edificio de Institutos. A su alrededor las cuatro farolas curvadas. Foto: J. Cía

El peculiar personaje, quizás más conocido por muchos como el zapatero Jesús Obrero, (zein berezia zen!),  fue el diseñador y autor material de la citada cruz de hierro que terminó dando nombre a la plaza en donde está instalada. Constantino Manzana Llena nació el 2 de julio de 1907 en la localidad ribagorzana de Fonz (pequeño pueblo cercano a Barbastro, conocido por mantener viva una modalidad lingüística autóctona, el foncense o bajo ribagorzano). Estudió y se formó en la escuela salesiana de Sarriá en Barcelona. Cuando la congregación salesiana montó la Escuela Profesional de Iruñea en 1929, Constantino vino a trabajar en ella como profesor de forja. Además, tenía su taller propio en una bajera en la calle Santoandia (actual Recoletas nº 18) elaborando lámparas, candelabros etc. En 1932, molesto por las medidas anticlericales del gobierno de Azaña realizó la monumental cruz de forja que se alza sobre el dragón que representa la malignidad. Inicialmente fue colocada en el claustro gótico de la catedral de Pamplona pero evidentemente no era el lugar apropiado.

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1932. La cruz en el claustro de la catedral. Foto: Fidel Veramendi

En 1941 fue trasladada e instalada en el centro de la plaza a la que desde entonces se conoce por su nombre. En sus alrededores colocó cuatro farolas retorcidas, también de forja. Estas farolas después fueron enderezadas y colocadas en el Redín. Hace unos años fueron retiradas y sustituidas por unas mucho más modernas y convencionales.

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1977 Foto: Zuñiga. Una de las farolas de C.Manzana, enderezada, en la zona del Redín

Constantino, fue hombre muy religioso y sobre todo, gran defensor del movimiento obrero y sus reivindicaciones. Tuvo, por ello, muchos problemas con las autoridades del régimen franquista, incluso en algún momento tuvo que “visitar” la cárcel. No tuvo nunca ningún prejuicio para decir lo que opinaba ni para enfrentarse a autoridades civiles o eclesiásticas.Llegó a editar unos curiosos folletos que repartía por Pamplona en los que exponía sus ideas; fiel siempre a su ideología, entregaba ocasionalmente su salario al obrero más necesitado.

Creó a principio de los cuarenta en la calle Navarro Villoslada una escuela profesional electro-mecánica en la que enseñaba, entre otras cosas, trabajo en forja y mecánica de ajustado. Sus instalaciones eran muy precarias, y trabajaba fundamentalmente con chatarra que recogía por la ciudad, En la bajera, estaba visible y en lugar destacado, su lema, “voluntad de hierro, vence”. Sus alumnos siempre alabaron las enseñanzas del maestro y el alto nivel de preparación que obtuvieron en dicha escuela, alumnos a los que pagaba unas pequeñas cantidades de acuerdo con su actividad y sus notas. Tenía un sistema de financiación curiosísimo que consistía en recaudar en multitud de industrias, las que voluntariamente lo admitían, un céntimo por obrero y día para contribuir a la formación de los futuros técnicos. Finalmente, como no podía pagar los gastos del local, fue desahuciado y todos los elementos de la industria, máquinas, muebles, etc. acabaron en la calle.

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1940. Durante la instalación. Entre otros, Manuel Aginaga Viliato abajo en el centro. Foto Archivo familiar

Posteriormente continuó trabajando en un local de Arrotxapea, aunque sus trabajos en forja y metal se hicieron cada vez más escasos. Después de esto inició un peregrinaje por distintos locales y actividades. Trabajó en la Calle Olite, frente al Colegio de Escolapios, elaborando camas metálicas cromadas. Tuvo otro taller en Carlos III y posteriormente en la Avda de Zaragoza, en un local de escayolas. Por último, montó sus conocidas tiendas para vender zapatos, primero en la Calle Descalzos y después en el número 28 de la Calle Bergamín, la célebre tienda de “Jesús Obrero”, establecimiento lleno de curiosidades y anécdotas. Aunque oficialmente era un local de venta de zapatos, también era zapatero remendón, pero además vendía tebeos, pastas, pipas de girasol y sus famosas “bombas”. Local muy frecuentado por niños y adolescentes de los colegios cercanos o vecinos de la zona, aprovechaba la ocasión para repartir sus folletos y difundir sus ideas. Tras residir en varios asilos y residencias, en Fonz y Alicante, murió en 1993 en la Casa de Misericordia de Iruñea, con 86 años. En octubre de 2014, al finalizar la conveniente restauración de su famosa cruz de hierro, fue reconocido por el consistorio pamplonés que organizó una exposición en la Ciudadela, con sus obras.

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2016. En la actualidad. Foto: Rita Aginaga