Maurice Ravel

Un recuerdo a Maurice Ravel, “un vasco oculto a la vista de los vascos”, en el 141 aniversario de  su nacimiento

( http://aboutbasquecountry.eus   2016ko martxoaren 7a )

Un 7 de marzo de 1875 nacía en Ziburu(Lapurdi) Maurice Ravel, uno de los más grandes compositores del extraordinario periodo creativo que se extiende desde las últimas décadas del siglo XIX hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Un referente de primer nivel para los amantes de la música clásica y un referente popular gracias, sobre todo, a su “Bolero“, convertido en elemento clave de la banda sonora de películas desde 1936 (incluyendo la japonesa  Rashōmon, calificada como obra maestra de de Akira Kurosawa, estrenada en 1950); o canciones de gran éxito con Et maintenant de Gilbert Bécaud, escrita en 1961 en pleno “Mayo francés“.

En definitiva, un músico de alcance, influencia, y reconocimiento universal. Pero estamos seguros de que si preguntásemos por la calle en cualquier población vasca cuáles son los mayores compositores vascos, muy pocos viandantes citarían a Maurice Ravel (puede que salvando algunos lugares de Iparralde).También es verdad que tenemos la sensación, por desgracia, de que muchos de nosotros no seríamos capaces de citar a cuatro compositores vascos. Lo que indica las enormes deficiencias que sufrimos como sociedad en el conocimiento de nuestra historia y de nuestra cultura.

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Maurice Ravel                Ziburu 1875- Paris 1937

Pero volviendo a Ravel. La coincidencia temporal de la entrada que hemos escrito sobre la exposición “Ocultos a la vista de todos: los vascos” en el Sparks Museum de Nevada y el aniversario del nacimiento de este compositor, nos ha decidido a escribir esta entrada para recordar la fecha para recordar y volver a reivindicar su “vasquidad”.Para ello vamos a “recordar ” aquí lo que escribíamos en dos entradas anteriores sobre este compositor

Vivimos aceptando que la nacionalidad vasca quede diluida en la estatalidad española o francesa. Como hemos repetido en numerosas ocasiones, cuando se habla de elementos negativos, como los atentados los terroristas, estos se atribuyan a los vascos (terroristas vascos); mientras que cuando se habla de logros positivos (como los de cultura, investigación, economía o actividad empresarial) estos son atribuidos a españoles o franceses.

El caso de Ravel es paradigmático. Sus biografías nos recuerdan  a la que aparecía en una enciclopedia francesa en la que se afirmaba que Picasso era un artista francés nacido en Málaga. Algo similar ocurre con el compositor vasco. Nos encontramos en todos los lugares aquello de que era un compositor francés, mientras que se obvia, se disimula, o se minimiza, su origen vasco y la influencia de la cultura vasca en su obra.

Todo esto cuando él era vasco, vascoparlante (el artista bermeano José Mari Uzelai le conoció en París y hablaba con él en euskera), fue influenciado profundamente por la cultura y la música vasca, y resulta evidente que tenía un sentimiento nacional vasco que se proyecta en su obra inconclusa y  de historia poco conocida de la que escribimos hace tiempo en nuestra web . (Una entrada de la que recogemos unos párrafos aquí pero que, sinceramente, creemos que es de lectura obligada.)

Poco se habla de ese proyecto inacabado, una gran obra titulada Zazpiak Bat (siete en una) dedicada a los vascos, que abandonó con el inicio de la Primera Guerra Mundial. Aunque el trabajo realizado dejó su huella en otras obras cumbres del compositor, como su Trio para piano, violin y violonchelo, en el que encontramos grandes influencias de la música tradicional vasca.

Es importante recordar que el escudo y el lema de Zazpiak Bat se crea a finales del siglo XIX para reivindicar la unión de todos los territorios vascos. Se crea en el País Vasco continental (lo que se conoce como País Vasco francés) en 1897, cuando Ravel tiene 22 años, y refleja un movimiento social y político de amplia base, que buscaba la recuperación de los derechos y libertades vascas, perdidos con la Revolución francesa en la parte norte de nuestro País y con las Guerras carlistas  en la parte sur.

Desde nuestro punto de vista, escoger este título concreto para una obra, indica claramente que el compositor no buscaba hacer un simple homenaje a su tierra chica. El título de cualquier obra de arte busca representar el espíritu que contiene la misma, y usar el término, y la idea, Zazpiak Bat, va mucho más allá de un reconocimiento a un rincón de Francia. Busca reflejar la existencia de una realidad nacional que supera las fronteras de los estados y que une a los vascos del norte y del sur de los Pirineos.

Su sentimiento de pertenencia a la nación vasca, lo dejó también muy claro en su relación de amistad  con Aita Donostia, tan y como cuenta Josu Okiñena, pianista e investigador de la obra de Aita Donostia:cuando conoció al sacerdote donostiarra, en 1920, “tenía miedo a encontrarse con una música muy monástica, pero se llevó una agradable sorpresa por la sensibilidad musical de la obra”. Tanto que escribe a su profesor, Eugène Cools, para recomendarlo: “Un compatriota mío, porque ha de saber usted que los vascos tenemos dos patrias, Aita Donostia, me ha visitado para darme a conocer sus obras y pedirme consejo…”. “Es una evidencia objetiva -enfatiza Okiñena-, lo estamos leyendo en las fuentes primarias. No solo al analizar su obra se encuentran elementos de la música vasca, sino que él mismo confiesa que se siente vasco”.

Una vez más. cuando estamos a unos días de ese aniversario de su nacimiento, queremos reivindicar a este compositor vasco. Reivindicarlo no como compositor, porque su reconocimiento es universal, sino como vasco, un elemento clave de su vida y de su obra, que ni los propios vascos lo conocemos, porque nos lo han ocultado.

Los vascos vivimos ocultos a la vista de todos. Incluso vivimos ocultos a la vista de nosotros mismos.