Olatz Ttipi, los claroscuros de su historia

La historia reciente de la finca y palacio de Olatz Ttipi pasa por diferentes hitos, desde escuela de estudios agrícolas dedicados a la vid hasta el actual instituto de enseñanza secundaria. Sin embargo, casi todos la conocemos por sus oscuros años en que fue utilizada como reformatorio de menores, la Chipi.

La casa palaciega de Olatz Ttipi en los años 30. Foto: C. Butini

El nombre de la casa palaciega de Olaz Chipi, del euskera Ttipi o pequeño, es referido a ser una pequeña parte del cercano pueblo de Olatz, sin embargo, no pertenece a esa población y se encuentra en término de Uharte. Madotz la nombra en su diccionario de 1845 y otros autores ya lo sitúan en época medieval. Si que es conocido que a mitades del siglo XIX pertenecía al Marqués de Rozalejo, el peraltés Fermín Daoiz y Argaiz. Este a su muerte en 1873 donó la mayor parte de su fortuna a la creación de un centro para enfermos mentales, el entonces llamado Manicomio Vasco Navarro y otros de sus bienes inmuebles fueron sacados a subasta. Así ocurrió con el palacio y finca de Olatz Ttipi cuya subasta se convocó en noviembre de 1889. La finca en cuestión constaba de la casa palaciega, una hermosa huerta de 40 robadas, con una noria, una casa para los aperos y numerosos frutales, además varias fincas alrededor por un total de 77 robadas de las cuales 13 correspondían a viñedo. El precio de salida establecido en la tasa fue de 22.732 pesetas.

La subasta fue ganada por Juan Seminario e Izu perteneciente a una conocida familia de comerciantes pamploneses, cuyo miembro quizás más conocido era su hermano Francisco que era concejal del ayuntamiento y muy apreciado por su gran contribución en acciones benéficas. Como premio, el consistorio quiso nombrar a la calle Bolserías donde los Seminario tenían su vivienda y comercio, como calle Seminario. Francisco renunció aludiendo que la calle debería llamarse San Saturnino por encontrarse allí el templo dedicado al patrón de la capital. Finalmente fue así y el sr. Seminario se conformó, agradecido, con el nombre de un pasaje entre las calles Ansoleaga y Nueva. Con los años a la nueva edificación que sustituyó a la que había pertenecido a la familia, hoy propiedad del consistorio, se le llamaría extraoficialmente como casa Seminario.

Juan Seminario e Izu

Juan Seminario, por su parte, llegó también a ser concejal municipal y fue muy conocido por crear una escuela nocturna para jóvenes obreros. La citada escuela, llamada Pio Jaén, se encontraba en la calle Pellejerías esquina con Mayor. Fue, además, fundador y presidente del banco La Vasconia y principal promotor del que iba a ser nuevo hospital provincial, financiado por la benefactora Concepción Benítez, de la que fue su representante en la ciudad.

La intención del nuevo propietario de la finca de Olatz Ttipi era dedicarla al cultivo de la vid. Eran tiempos difíciles para ello, ya que la terrible plaga de la filoxera iniciada en los viñedos bordeleses amenazaba a todos los viñedos europeos. La filoxera es una enfermedad producida por un insecto que vive en las vides americanas sin afectarlas pero que, sin embargo, afecta de forma terrible a las vides europeas. El señor Seminario en el invierno de 1891 compró un lote de cepas en la granja modelo de Lérida para poner en su finca de Olatz, aunque al enterarse, poco después, de que la filoxera había penetrado en la península por Girona y se estaba extendiendo por los viñedos catalanes decidió denunciar la compra ante el gobernador civil para que, además, extremara la vigilancia a la entrada en Navarra de vides contaminadas. A partir de ahí la diputación se hizo consciente de la importante problemática que se cernía sobre la viticultura, cuyo peso específico en el desarrollo y economía de nuestra sociedad era grande y se daba, entonces, inicio a los importantes estudios e iniciativas en la lucha contra la filoxera, lucha en la que Navarra jugaría un papel primordial.

Nicolás García de los Salmones´, a al derecha, entre vides en la Escuela Agrícola de Olatz en 1912. Foto: Jose Mª Vera

En junio de 1892, Juan Seminario fue el primero que solicitó a la Diputación la creación de una escuela práctica, en donde se enseñase el cultivo de la vid y sus variedades, es decir la viticultura, dejando aparte la vinicultura o ciencia de elaboración del vino y, también, su posterior comercio. El ingeniero agrónomo Nicolás García de los Salmones había sido contratado por la Diputación como experto en la filoxera y desde su llegada a Pamplona consideró que la granja agrícola de Olaz Chipi era la adecuada para sus estudios y experimentos. A su vez el interés de Seminario en el desarrollo de la agricultura en Navarra, y su actitud como benefactor, le llevó a recoger jóvenes de familias proletarias y también a hijos de familias que poseían terrenos dedicados a la vid para enseñarles los secretos de su cultivo, creando, aunque no de forma oficial o reglada, una verdadera escuela de viticultura. Finalmente, la diputación recogió el testigo de la iniciativa y a finales de 1896 tomó la finca en arriendo para 25 años con el fin de establecer allí un vivero de vides americanas y un campo de experimentación dirigido por su contratado para la lucha anti filoxérica el ingeniero García de los Salmones. En el contrato de arriendo el propietario de la finca Juan Seminario exigía la obligación de establecer de alguna forma las labores de aprendizaje en los cultivos, es decir una incipiente escuela, germen de lo que después sería la Granja Agrícola Provincial creada en la ciudad una década después. La finca de unas once hectáreas, dirigida por el capataz señor Pujol, contaba con más de cien mil plantones de variedades como berlondieri, cordifolia y otras, además de un vivero dedicado a los barbados o pies de cepa portainjertos. En el otoño de 1901, en que se produjo la primera cosecha normal, se recolectaron unos 70 cántaros de vino por robada más que el doble de lo que se acostumbraba a producir en los viñedos navarros. El centro experimental de Olaz Chipi fue ejemplar en el estado y de hecho era de visita obligada como viaje de estudios por las principales escuelas estatales de ingenieros agrícolas. El prestigio adquirido por Navarra en los estudios de ampelografía (del griego ampelos: vid), en la lucha antifiloxérica y de otras enfermedades de la vid le llevaron a organizar en 1912 el II Congreso Nacional de Viticultura. Como sede de la importante reunión se construyó un hermoso edificio en Atarrabia/Villava en cuyos alrededores se habían plantado más de dos mil variedades de vid, todas de pies procedentes de la finca de Olaz Chipi.

La Escuela de Estudios Agrícolas de Atarrabia en 1915

Tras el exitoso congreso celebrado en julio de 1912 se decidió dedicar el edificio villavés a albergar la Escuela de Estudios Agrícolas, que poco después fue de Peritos Agrícolas y que permaneció abierta hasta los años ochenta del pasado siglo. El palacio y finca de Olaz Chipi, ya propiedad de la Diputación Foral, tan solo unos pocos años después iba a tomar un destino muy diferente.

En noviembre de 1920 el obispo de Iruñea, López de Mendoza, el presidente de la Audiencia y el ex diputado Pedro Uranga, preocupados por la situación de los niños y adolescentes abandonados, algunos de ellos presuntos delincuentes, ya solicitaron a la diputación la creación de un organismo oficial que cubriera la protección y atención de esos niños. Formaban parte de una incipiente asociación llamada Virgen del Camino para la defensa y protección de estos niños y unos meses después le pidieron la cesión de la finca de Olatz Ttipi para utilizarla para esos fines. Mientras tanto la Audiencia Nacional había creado, a principios del año 1922, el Tribunal Especial de Menores, entidad que requería que en cada capital hubiera una “cárcel especial de niños”. En julio de ese mismo año se hizo efectivo el Patronato Virgen del Camino, cuya primera junta estaba formada por el principal promotor Pedro Uranga y los conocidos “prohombres” de la ciudad, Daniel Irujo, Javier Arraiza, Alejandro Ciganda y Toribio Lòpez. El patronato recibía donaciones particulares que pronto llegaron a las cuarenta mil pesetas, y poco después recibió la donación más llamativa, sesenta y cinco mil pesetas procedentes del testamento de la benefactora Guadalupe Zozaya. La Diputación, previo informe favorable del entonces director del servicio de agricultura Daniel Nagore, asumió el proyecto cediendo, para ello, la finca de Olatz Ttipi. Los señores Uranga e Irujo se desplazaron a Amurrio a visitar el centro recientemente inaugurado en la localidad alavesa y llevado por la Congregación de frailes Capuchinos Terciarios para entrevistarse con su director, el padre León Mª de Alamás. Este centro alavés iba a servir de ejemplo para un reformatorio similar en Uharte Pamplona. Los capuchinos terciarios, popularmente conocidos como amigonianos, nombre que hace alusión a su fundador en 1889 el obispo valenciano Luis Amigó, desde su fundación asumían como objetivo principal el ayudar a personas jóvenes vulnerables o con problemas de conducta. Pronto se hicieron expertos y pioneros en los estudios de psicología infanto juvenil con experiencias ya en otros centros de Madrid o en el propio Amurrio.

1925. Los primeros internos junto con los hermanos amigonianos. Foto Galle

En enero de 1923 se hizo efectiva y oficial la cesión de la finca Olaz Chipi por parte de Diputación al Patronato Virgen del Camino y este decidió que el nuevo reformatorio iba a ser dirigido y llevado por los frailes amigonianos. Las obras de reforma de la casa palaciega iban a ser llevadas por el contratista de obras Félix Maiz. Este también valoró la bodega y estancias de la Escuela de Estudios Agrícolas de Atarrabia a donde debían trasladarse los efectos presentes hasta entonces en la de Olatz. Tras la reforma de la casa, finalmente, en octubre de 1923, quedaba inaugurado el Reformatorio Virgen del Camino de Olaz Chipi acogiendo inicialmente a 24 adolescentes varones. A lo largo de su historia iba a albergar tan solo a varones, reservándose para las niñas otros centros, también llevados por religiosas como las Adoratrices en el casco viejo de Iruñea, las Josefinas en la Magdalena o el colegio Hogar San Francisco de Burlada de las propias Capuchinas Terciarias, también amigonianas.

Habilitado el edificio, quedaban en la planta baja la cocina, con el pequeño comedor para los frailes y otro mas amplio para los “corrigendos o reformandos” (así se les nombra en los escritos de la época), así mismo las duchas, aseos, el aula de estudios que contaba con pupitres individuales y una pequeña capilla cuyo retablo fue donado por el Cabildo Catedralicio. En el primer piso, abierto al patio central por una galería acristalada, se situaban 19 sencillas celdas individuales, con puerta cerrada con mirilla para que el fraile que hacía la guardia nocturna pudiera observarles. La ropería y el acceso al coro de la capilla completaban la planta. En la segunda planta se encontraban las habitaciones de los frailes, su cuarto de baño, la enfermería y unas celdas especiales para los primeros días de ingreso de los chicos que podían resultar más problemáticos.

El palacio de Olatz Ttipi en un alto, a su izda el molino y fábrica de harinas de Huici. A la izda el pueblo de Gorraitz y al fondo el monte Malkaitz. Foto: C. Butini

La casa estaba situada en un alto del terreno y en la parte baja, hacia la vega del río, junto al viejo molino de Olatz, se rehabilitaron unas pequeñas edificaciones, ya existentes, para cubrir las necesidades hortícolas, así como la cría de algunos animales domésticos. Inicialmente la comunidad de frailes la componían el padre Jorge Mª de Paiporta y los hermanos Jacobo, Modesto e Isidro. La intensa actividad diaria iba de seis y media de la mañana a nueve de la noche, incluyendo misa y rosario diarios, trabajos varios y clases. Es de destacar la presencia dentro de las enseñanzas de una clase diaria de solfeo, cosa no demasiado habitual en las escuelas de la época. La decisión de ingreso de un determinado adolescente, siempre menor de 15 años, era función del Tribunal Especial de Menores, presidido, como el patronato, por Pedro Uranga. En este tribunal era notoria la presencia de una mujer, cosa también poco frecuente en la época. Se trataba de la directora de la Escuela Normal de Maestras y gran pedagoga María Ana Sanz, mujer también pionera en estudios de educación y acción social, que ejerció su vocalía en el Tribunal hasta su muerte en 1938. A la hora de considerar el ingreso de un determinado menor se hacía hincapié no solo en la presencia real de algún acto delictivo sino, fundamentalmente, en la situación de abandono de los mismos por sus progenitores o por la propia sociedad, lo que en muchos casos les llevaba a la delincuencia en un simple y necesario ejercicio de supervivencia.

Luis Amigó y Ferrer

En julio de 1927 acudió de visita a las instalaciones el entonces obispo de Segorbe y fundador de la orden capuchina, Luis Amigó, orden que ya llevaba reformatorios similares en más de diez ciudades del estado, dando su conformidad a las instalaciones y al trabajo de sus frailes instructores y cuidadores.

No podemos obviar que dentro de la actividad habitual del reformatorio estaba muy marcado el ejercicio físico y la actividad deportiva. Para los primeros años treinta se construyó un frontón cubierto aledaño al edificio para jugar a pelota, normalmente al punto, aunque también se organizaban algunos partidos, a veces por pelotaris aficionados ajenos al centro. Así por ejemplo el día de la Inmaculada de 1935, jugaron un memorable y reñido partido los uhartearras Jose Luis Butini y Daniel Navarro contra Carmelo Butini, médico de la localidad y Pablo Navarro, fuertemente animados y aplaudidos por internos y frailes asistentes.

El medico de Huarte, Carmelo Butini con frailes y reformandos en 1935. Foto: C. Butini

El futbol era otro de los deportes a destacar ya que contaban con una magnifica campa donde hacerlo. Con el ánimo de confraternizar eran frecuentes los partidos de los internados contra equipos de jóvenes de Olatz o de Uharte. Muchos años después en los colegios fundados por los amigonianos se sigue practicando este deporte de forma exitosa, con algunos buenos profesionales salidos de sus filas.

El equipo de futbol de Olatz Ttipi en los años 30. Foto C. Butini

En 1941, sin embargo, los hermanos capuchinos terciarios ante la falta de personal para cubrir la asistencia, según relataban a causa de la guerra del 36, abandonaron Olatz Ttipi. Pocos años después de comenzar su actividad en Olatz habían comprado un pequeño convento en las cercanías del Hospital Psiquiátrico pamplonés, para dedicarlo a seminario, aunque las vocaciones tampoco eran muchas. Este colegio seminario fue el germen del posterior colegio Luis Amigó de la carretera de Tajonar inaugurado en 1968. Los amigonianos, fieles a su esencia fundacional, en 1993 añadieron a su colegio una residencia-internado para menores con problemas adaptativos, la residencia Lagun Etxea.

A la derecha Toribio Beroiz con su vara de zahorí

A partir de ese año de 1941 se hicieron cargo del reformatorio de Olatz Chipi, primero un grupo de sacerdotes voluntarios al frente de los cuales estaba el presbítero Toribio Beroiz y años después, a partir de 1954 la congregación de hermanos de las Escuelas Cristianas, más conocida como hermanos de La Salle. Toribio Beroiz, párroco de Olatz y capellán del centro durante muchos años, fue además muy conocido por ser un experto zahorí, viéndosele con frecuencia con su doble vara de olivo a la búsqueda de agua subterránea. Las instalaciones del centro iban quedándose obsoletas y en 1949 el patronato Virgen del Camino, presidido entonces por el diputado foral Luis Fortún, decidió una gran reforma del edificio que, bajo la dirección del arquitecto municipal Víctor Eusa. Esta reforma iba a constituir una enorme modernización, aunque con apenas restos conservados de lo que había sido la casa palaciega medieval. La obra costó 342.000 pesetas, costo del que se hizo cargo fundamentalmente la Diputación.

Imagen de los internos con sus cuidadores. Foto: C. Butini

Así iban pasando los años y el reformatorio seguía funcionando como tal. En el imaginario de muchos pamploneses aun está viva la velada amenaza de algunos padres cuando se cometía alguna pequeña fechoría, “te voy a mandar a la Chipi”. El terrible y emocionado testimonio de un anónimo interno, publicado en un periódico local en 1961 bajo el pseudónimo de Pitxigutxi, da cuenta aproximada de la dureza de la estancia en el reformatorio, dureza tanto física como psíquica. Especialmente son duras las palabras de explicación de cómo, cada tarde antes de la cena, todos reunidos en un aula con los frailes celebraban el “Consejo diario” en donde se repasaba en público el comportamiento, uno por uno, durante la jornada, a veces con acusaciones de los propios compañeros, repartiéndose a los que hubieran cometido la mas mínima falta de comportamiento los correspondientes “vales de castigo”. El premio para quien no tuviera demasiados vales era la asistencia a los partidos de Osasuna, club que regalaba cada jornada unas pocas entradas.  Evidentemente con el único testimonio de uno de los internos no se puede ni debe llegar a conclusiones definitivas pero, sin embargo, si lo hacía el periodista redactor de la noticia que concluye … no es el reformatorio “terrorífico” que algunos creen y los jóvenes recluidos están contentos, bien alimentados y atendidos.

El actual I.E.S. de Huarte

Por fortuna los tiempos iban cambiando, iban apareciendo en la sociedad paulatinamente conceptos como reinserción, formación, reeducación etc. frente a los de reclusión, reforma o corrección. Ya en la década de los setenta el centro dejó de utilizarse como tal reformatorio y a los menores condenados por distintos delitos por el Tribunal Tutelar de Menores se les facilitaba por Diputación la “estancia” en pisos tutelados. En 1979 la propia diputación puso en marcha una experiencia piloto para que aquellos jóvenes sin el correspondiente título de Graduado Escolar y que no habían podido acceder a la Formación Profesional por la vía ordinaria, tuvieran una continuidad en su formación. Así nació la Escuela Profesional Nuestra Señora del Camino, ubicada en las instalaciones de Olatz Ttipi, escuela que iba a ofertar, inicialmente, 176 plazas. Estaba adscrita a la Escuela Profesional de Lumbier y atendida por profesorado laico y algunos de los hermanos de La Salle que lo habían sido en el antiguo reformatorio. Las titulaciones principales eran las de Mecánica y Electricidad, aunque también había otras como la cocina. Probablemente es la primera escuela que hizo cursos de Hostelería y Cocina siendo en ello pionera. Las instalaciones se fueron adaptando a las necesidades y por ejemplo el viejo frontón de los años 30, en el que tantos habían jugado al “punto”, se convirtió en taller de Mecánica construyéndose, de inmediato, un nuevo frontón. A partir de 1995 el centro se convirtió en Instituto de Estudios Secundarios, el I.E.S Huarte que continúa su actividad como tal en la actualidad. Así concluye, al menos hasta el momento, la historia de la antigua casa palaciega de Olatz Ttipi.