Pinaquy y el bloqueo de Pamplona en 1874

    Víctor Manuel Egia Astibia

Corrían los últimos días de agosto del año 1874 cuando el ejército carlista, en su lucha con el ejercito isabelino establecido en la capital, se apostó estratégicamente en muchas de las localidades de la cuenca de Iruñea, rodeando la ciudad y sometiéndola a un severo bloqueo, sitio que duró más de cinco meses. Una de las primeras consecuencias fue la escasez progresiva de víveres ya que a los aldeanos de los pueblos aledaños no se les permitía entrar en la ciudad a vender sus productos, hortalizas, huevos, corderos etc. La población fue agotando los víveres que tenía  y cuentan que en los últimos días del bloqueo ya no había ni siquiera gatos en la plaza y se habían comenzado a comer incluso las ratas que proliferaban por las calles. La escasez de carbón y leña, así como la de agua eran otra de las grandes carencias producidas conforme pasaban los difíciles días.

Lámina de autor desconocido del bloqueo carlista en 1874. Puente de la Magdalena. Archivo G N

Pamplona, desde la última década del siglo XVIII, se surtía de agua con varios pozos y fuentes de su interior pero especialmente de un gran manantial existente en Subiza, en las faldas de Erreniega. El agua era traída por un largo canal hasta un depósito existente a la entrada del Portal de San Nicolás, junto a la basílica de San Ignacio y desde allí se repartía por las distintas fuentes repartidas estratégicamente en los barrios de la ciudad.

La basílica de San Ignacio, junto a ella el depósito municipal de aguas y en la esquina el puesto de carabineros en 1896. Foto Col. Arazuri AMP

El día 13 de septiembre de 1874 el alcalde de Subiza comunicaba al de Pamplona que soldados carlistas habían cortado el suministro a la capital. Ese día cuatro soldados del 10º Batallón abrieron una compuerta en el manantial para que el agua no llegara hasta el canal receptor. Inicialmente el alcalde de Pamplona hizo un pregón dando a conocer la noticia y animando a la población a utilizar el agua de los numerosos pozos existentes en la ciudad y a tomar agua del cercano río Arga. El Portal de Tejería permanecería abierto durante el día, para que la población, bajo protección desde los baluartes de Labrit y San Bartolomé, cogiera agua del río en sus cántaros. Para ello se habían habilitado una serie de filtros para intentar que el agua recogida estuviera  lo más limpia posible.

Soldados de artillería defendiendo el baluarte del Redín. Foto Mauro Ibañez 1874

En el cercano Molino de Caparroso estaba instalado el ya prestigioso industrial de la ciudad, el labortano Salvador Pinaquy, con su fundición y taller de aperos y maquinaria agrícola. El día 1 de octubre se comunicó que el Sr. Pinaquy había practicado una excavación en el cascajal que había en medio del río, justo debajo de la presa que alimentaba a su instalación en el Molino. Allí encontró un abundantísimo manantial de agua, sumamente clara, decía que incluso mejor que la de Subiza. Con ello, de entrada, se evitarían los filtros usados hasta entonces. Pero, con el ingenio y capacidad emprendedora que ya había demostrado suficientemente en su trayectoria profesional, Pinaquy pensó en bombear el agua del manantial hasta los depósitos de San Ignacio y así solucionar el grave problema que padecía la ciudad. Rápidamente se puso manos a la obra, presupuestando el proyecto en 50.000 reales que el ayuntamiento inmediatamente aceptó. Mientras tanto en la ciudad comenzaban a multiplicarse los casos de tifus y graves disenterías. Durante los cinco meses de bloqueo se produjeron en la ciudad 876 defunciones lo que supunía un 4% de la población. De todos los fallecimientos más de una cuarta parte (233) fueron por tifus. Es de destacar que, sin embargo, apenas se produjeron una decena de bajas entre los soldados de ambos ejércitos en actos de combate.

A la derecha del molino de Caparroso la cascajera en donde Pinaquy descubrió el manantial. Foto Col.Arazuri AMP

El agua recogida en el manantial, a pesar de su limpieza, era filtrada y recogida en un pozo de donde se aspiraba por tres cuerpos de bombas de pistón zambullidor, bombas que eran movidas por una turbina sistema Fonval. Desde allí las aguas salían por una cañería de hierro fundido de 515 metros de longitud, elevándose 39 metros hasta el acueducto junto al Portal de San Nicolás por donde penetraban el canal de Subiza y de ahí al depósito de San Ignacio para ser distribuidas a las fuentes públicas. El rendimiento era de 4,25 litros por segundo, lo que supone 367.200 litros al día, es decir, 22 litros/día/habitante. Incluso hubiera podido aumentarse el rendimiento si no hubiera que haberse ajustado al diámetro de los tubos de conducción que se habían encontrado en las cercanías de la estación del ferrocarril. En tan sólo 28 días la instalación estaba terminada y lista para su funcionamiento.

Tras un par de días de ensayos y corrección de algunos pequeños defectos, el día 6 de noviembre de 1874 se produjo la apertura oficial de las fuentes. La Fuente de la Abundancia en la Plaza de la República, hoy Plaza del Castillo, fue adornada con banderolas, escudos, enseñas y tiestos con flores. A la fuente diseñada por Paret, con la años después bautizada como Mari Blanca en su cúspide, se le puso un cartelón que decía “La libertad hermanada con la ciencia”. A la una del mediodía, con la presencia de gigantes, kilikis y cabezudos, a los sones de la gaita y el txistu y entre el explotar de gran cantidad de cohetes, el alcalde Sr. Colmenares, el presidente de Diputación Sr. Iñarra y el General Liberal Andía, abrieron entre aplausos los cuatro caños de la fuente. Seguidamente se dirigieron en comitiva hasta la fábrica del Sr. Pinaquy en donde firmaron el acta oficial de inauguración. Al pasar gigantes, música y autoridades por debajo del baluarte de Labrit se dispararon, desde el mismo, tres balas rasas sobre el vecino pueblo de Uharte, en donde el ejército carlista tenía su base. Por la tarde y noche hubo sesiones de baile en el Paseo de Valencia amenizados por la banda de la Casa de Misericordia.

La Fuente de la Abundancia engalanada. Gigantes y kilikis presentes en la celebración. 6 de noviembre de 1874 . Foto AMP

El 1 de febrero de 1875 el pleno del ayuntamiento acordó agradecer públicamente a Salvador Pinaquy su importante trabajo y labor realizada en bien de toda la ciudad, concediéndole una medalla conmemorativa de oro. En su cara se señalaba, “Se comenzaron las obras en 8 de octubre. Corrieron las aguas del Arga por las fuentes en 6 de noviembre” y en su envés “A Don Salvador Pinaquy .Pamplona agradecida 1874. Dió de beber al sediento”. El pago por las obras, algo más de diez mil pesetas, le sirvió a Pinaquy para mejorar su negocio, y pocos años después, abandonar el arriendo del Molino de Caparroso y trasladarse a sus nuevas instalaciones en la calle Mayor de Pamplona.

Anverso y reverso de la medalla conmemorativa concedida a Salvador Pinaquy por el Ayuntamiento de Iruñea

En esos primeros días de febrero de 1875, Iruñea sería liberada del bloqueo carlista por las tropas del general cristino Moriones. Las bombas de suministro de agua desde el río Arga montadas por el ilustre maquinista baionés, como se denominaba cuando se instaló en Pamplona en 1850, siguieron funcionando durante casi veinte años más. Con la inauguración en 1895 de la nueva traída de aguas desde el nacedero de Arteta ya no fueron necesarias. En la actualidad dicen que el manantial de las orillas del Arga está agotado, quien sabe si algún día futuro habrá que redescubrirlo y volver a probar sus aguas.

Bibliografía:

ARAZURI J.J. (1966) Pamplona Antaño. Edit. Aranzadi. Pamplona

IDOATE F. (1961) “Diario del bloqueo puesto por los carlistas a la plaza de Pamplona. M. Ballesta Revista Príncipe de Viana de nº 84-85. Pamplona

RODRIGUEZ E. y SÁNCHEZ J. (1973) “Diario del Bloqueo de Pamplona 1874-1875”  Edición facsimil en Cuadernos de la Cofradía del Pimiento nº VI. Pamplona