XUKIL ( El tronco de navidad)

Una de las costumbres más antiguas de las celebraciones cercanas al solsticio de invierno y la navidad cristiana se refiere al tronco de navidad. En concreto, la presencia de un gran tronco o “supila” en los fogones bajos de muchos lugares de Euskal Herria ha sido durante siglos el gran protagonista de la víspera navideña. Más que probablemente es una tradición precristiana, como decimos relacionada con el solsticio de invierno pero, como tantas y tantas otras, finalmente se ha mezclado con las tradiciones cristianas y recuperado para fechas concretas por dicha creencia, como es el veinticuatro de diciembre. Tampoco se puede decir que sea una práctica exclusiva de nuestro pueblo y hay referencias de ritos similares en Galizia, en Catalunya, en donde se le conoce como tió de nadal y en las islas Pitiusas. En las islas británicas se le llamaba yule log, eteau nedelecq en Bretaña o cacho fio en Provenza. La perdida de los fogones bajos hizo que en Francia a finales del XIX se cambiara el rito, realizando un pastel  de bizcocho genovés y chocolate con forma de tronco y que hoy día es el postre navideño de referencia para muchos hogares galos.

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Ziriku etxean 1966. Aristu. Urraul. Foto J. San Martin

En Euskal Herria la forma de llamar al tronco de Navidad es muy variable en las distintas zonas. Al nombre quizás más generalizado de supila se añaden otros, como xukil o tukil (Urraul alto), txubilar ( Romanzado), sugieleko (Luzaide), gabonzuzi (Zegama), gabon-subil (Abadiano y Antzuola), gabon-mukur (Bedia), olentzero-enbor (Oiartzun), onontzoro-mokor (Larraun), subilaro-egur (Aezkoa), suklaro-egur (Saraitzu), sukubela (Likinaga), o porrondoko (Salvatierra), etc.

Las características del tronco solían ser habitualmente especiales. Es decir, fundamentalmente era un tronco grande, mucho más de los empleados habitualmente en los fogones, hasta tal punto que en algunos lugares como en la Burunda el tronco era llevado hasta el hogar por una pareja de bueyes. La razón de que el tronco fuera grande es que debía durar el mayor tiempo posible ardiendo. En los pueblos de Urraul Alto, Adoain, Larraun, Elkoaz, Ongotz, Eparotz, Ezkanitz, Aristu etc se le debía hacer durar hasta el día de Reyes. La puesta del tronco en el fuego se hacía justo al comenzar la cena del día veinticuatro por el mayor de la familia y después todos los presentes, de mayor a menor, iban colocando una leña o tronquito más pequeño. Esto se complementa en Ulzurrun con la colocación final por el padre de otro tronco en representación de los ausentes. En el Romanzado cuando ya solo quedaba un trozo pequeño del txubilar se apagaba y se subía al sabayao y se guardaba junto con los restos de los troncos de otros años. Cuando se avecinaba una tormenta se volvía a bajar al fuego y se reencendía, tradición repetida en Salvatierra. También en Ulzurrun se guardaba un trozo para dar “humo” a los animales el 17 de enero día de San Antón.. En el valle de Imotz a cada tronquito se le ponía el nombre de su dueño y si alguno de ellos moría durante el año el resto semiquemado se colgaba de en la cama junto al difunto. La ceniza producida mientras el tronco de Navidad estuviera ardiendo se solía guardar como fertilizante mezclada con el fiemo de los animales. En Eskiroz colocan el tronco o Gabonzuzi consagrado a Dios en el umbral de la puerta principal de la casa el primer día del año, o el día de San Antón, y hacen pasar por encima a todos los animales domésticos. Creen que así los animales no morirán por accidente durante el año. La misma costumbre existía también en Oiartzun y en Arakil. En Aezkoa recogen el carbón y la ceniza producidos por la combustión de gabonzuzi. Cuando una vaca tiene endurecida la ubre, ponen al fuego tales residuos y aplican su sahumerio a la ubre enferma. En Amorebieta dicen que evita que la comadreja perjudique a quienes viven en la casa o a sus animales. No dejan que se apague el fuego del hogar durante la Nochebuena para evitar que alguno de la familia muera durante el año. Según creencia de Likinaga el nochebueno influye en que sean hembras los corderos que nazcan en el rebaño. En Olaeta ese tronco, que allí arde en la última noche del año, es retirado después de la cena y colocado en el establo a fin de preservar de enfermedades a los animales allí recogidos.

Todas estas costumbres le dan al xukil un evidente poder protector para la familia, sus animales y sus cosechas. No queda claro si ese poder se debe al propio tronco o al fuego producido al arder el mismo. En favor de esta última posibilidad, es bastante significativo que tanto en el solsticio de invierno como en el de verano en junio el protagonista sea el fuego lo que lo relaciona claramente con el sol, astro ardiente que por su lejanía o cercanía con la tierra marca las fechas de ambos solsticios.